Las excursiones escolares, mucho más que un día fuera de clase

excursiones escolares

Para muchos niños y niñas, una excursión escolar es uno de los momentos más esperados del curso. Salir del aula, subir al autobús junto a los compañeros y descubrir un lugar nuevo forma parte de esos recuerdos que, con el paso de los años, permanecen asociados a la etapa escolar.

Pero detrás de una jornada en la naturaleza, una visita a un espacio natural o una actividad de turismo activo hay mucho más que unas horas fuera del colegio. Las salidas escolares son también una forma diferente de aprender, de conocer el entorno y de descubrir experiencias que difícilmente pueden reproducirse entre las cuatro paredes de un aula.

En los últimos meses, la suspensión de algunas actividades escolares vinculadas a servicios externos a los centros educativos, en el contexto del actual conflicto entre el profesorado y la Administración, ha vuelto a poner sobre la mesa el papel que estas experiencias desempeñan dentro de la educación. Porque una excursión no debería entenderse simplemente como un día sin clase.

Aprender también significa salir del aula

La educación no siempre ocurre delante de una pizarra. A veces se aprende caminando por un sendero, identificando las especies de un bosque, descubriendo cómo funciona un ecosistema o recorriendo un río.

Las actividades desarrolladas fuera del aula permiten acercar muchos de los contenidos trabajados durante el curso a una experiencia real. La geografía, las ciencias naturales, la historia o la educación ambiental adquieren una dimensión diferente cuando los alumnos pueden observar directamente aquello que hasta entonces solo habían visto en un libro.

Pero, además del conocimiento, estas experiencias contribuyen al desarrollo de otras habilidades igualmente importantes. La convivencia, la autonomía, el trabajo en equipo o la capacidad de adaptación forman parte de cualquier salida escolar. Durante unas horas, los alumnos se relacionan entre ellos en un contexto diferente, toman pequeñas decisiones y se enfrentan a situaciones nuevas lejos de la rutina habitual del aula.

El contacto con la naturaleza, una experiencia cada vez más necesaria

En una sociedad en la que buena parte de la infancia pasa cada vez más tiempo frente a las pantallas y menos en contacto directo con el entorno natural, las actividades escolares pueden convertirse en una oportunidad especialmente valiosa.

Para algunos niños, la escuela es precisamente el lugar desde el que descubren por primera vez determinados paisajes o espacios naturales. Caminar por la montaña, observar un río, conocer la flora y fauna de su territorio o participar en una actividad de educación ambiental son experiencias que no todos tienen la oportunidad de vivir habitualmente en su entorno familiar. Y ese contacto puede ser también el comienzo de algo más.

Conocer el territorio es una de las mejores formas de aprender a valorarlo y protegerlo. Resulta difícil cuidar aquello que nunca se ha descubierto, y por eso la educación ambiental y las experiencias en la naturaleza desempeñan un papel fundamental a la hora de acercar a las nuevas generaciones al mundo que les rodea.

La Comunitat Valenciana cuenta, además, con un enorme patrimonio natural que se convierte en un escenario perfecto para este tipo de actividades: parques naturales, sierras, humedales, ríos, cuevas y espacios protegidos que permiten aprender de una forma mucho más directa y experiencial.

Mucho más que una excursión

Detrás de cada actividad escolar hay también profesionales especializados en turismo activo, educación ambiental y actividades en la naturaleza que trabajan junto a los centros educativos para diseñar experiencias adaptadas a cada grupo de edad.

Monitores, guías y pequeñas empresas forman parte de un sector que, especialmente durante determinados momentos del curso, desarrolla buena parte de su actividad gracias a la colaboración con colegios e institutos. La Asociación de Empresas de Turismo Activo y Ecoturismo de la Comunitat Valenciana, CV Activa, ha alertado precisamente del impacto que la paralización de estas contrataciones puede tener tanto sobre el sector como sobre el propio alumnado.

Desde la asociación defienden la necesidad de buscar soluciones que permitan mantener las legítimas reivindicaciones del profesorado sin que las actividades educativas desarrolladas fuera del aula terminen convirtiéndose en una de las consecuencias del conflicto. Una reflexión que va más allá de la situación actual y que invita a preguntarnos qué lugar queremos que ocupen este tipo de experiencias dentro de la educación.

Los recuerdos que también forman parte del aprendizaje

Probablemente pocos adultos recuerden con exactitud todas las lecciones que estudiaron durante su etapa escolar. Sin embargo, es mucho más fácil recordar aquella excursión con los compañeros, la primera vez que se visitó una cueva, una jornada en la montaña o aquella actividad que permitió descubrir un lugar desconocido.

Las experiencias tienen una capacidad especial para permanecer en la memoria. Por eso, reducir las actividades escolares a un simple complemento prescindible sería olvidar una parte importante de lo que también significa educar. Salir del aula no significa dejar de aprender. En muchas ocasiones, significa precisamente aprender de una manera diferente. Y quizá esa sea una de las grandes lecciones que ofrecen las excursiones escolares: que la educación no siempre necesita una pizarra para dejar huella.

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